
Generalización del olor
25 de junio de 2026La ola de calor de estos días ha vuelto a poner sobre la mesa una cuestión importante para quienes trabajan con perros detectores: el calor puede tener consecuencias directas en el entrenamiento, ya que afecta tanto al perro como al olor de la sustancia. Comprender cómo cambian ambos es fundamental para adaptar el entrenamiento y evitar interpretar de forma errónea el rendimiento del binomio.
- Más temperatura ≠ entrenamiento más fácil
Cuando aumenta la temperatura, aumenta también la volatilidad de muchos compuestos orgánicos volátiles (VOCs).
Relacionado con la percepción y dispersión del olor, y especialmente en el ámbito del entrenamiento canino, existen numerosos factores ambientales que influyen directamente en el rendimiento olfativo, como la temperatura, la humedad o las corrientes de aire.
Si analizamos estos factores de manera individual, la temperatura está estrechamente relacionada con la volatilidad de las sustancias. A medida que aumenta la temperatura, la volatilidad también se incrementa de forma exponencial. Esto ocurre porque las moléculas responsables del olor pasan con mayor facilidad a la fase gaseosa y llegan al aire con mayor rapidez.
En términos prácticos, un aumento de temperatura provoca una mayor liberación de VOCs, incrementando así la cantidad de moléculas olorosas disponibles en el ambiente. Como consecuencia, el perro puede detectar la muestra con mayor facilidad.
Sin embargo, este fenómeno también tiene implicaciones importantes cuando se aplica a dispositivos o materiales de entrenamiento. Al existir una mayor liberación de VOCs, la reserva de compuestos volátiles se consume más rápidamente, reduciendo el tiempo útil de trabajo de la muestra. En otras palabras, a mayor temperatura ocurre una mayor evaporación, lo que significa que el olor cambia más rápidamente y que la fuente pierde compuestos a mayor velocidad.
Por este motivo es especialmente importante respetar los tiempos de uso indicados para cada dispositivo y evitar exposiciones innecesarias al calor.

Imagen 1. Representación esquemática del efecto de la temperatura sobre la liberación de compuestos orgánicos volátiles (VOCs). a) Temperatura ambiente: liberación gradual y sostenida de VOCs y b) Temperatura elevada: mayor liberación inicial de VOCs, seguida de un agotamiento más rápido de la fuente olorosa.
Además de acelerar la evaporación de los compuestos volátiles, las altas temperaturas pueden favorecer la degradación o alteración de algunos de ellos. Esto significa que, con el tiempo, el perfil odorológico del cebo puede cambiar respecto al original, especialmente si no se respetan las condiciones de almacenamiento o los tiempos de uso recomendados.
En la práctica, esto supone que el perro podría estar entrenando con un olor diferente al inicialmente previsto, lo que hace aún más importante controlar tanto la conservación como la vida útil de los dispositivos de entrenamiento.
- La humedad: el factor que muchas veces pasa desapercibido
A parte de la temperatura, la humedad también puede tener efecto en como percibe el perro el olor. La humedad no es un factor directamente relacionado con la volatilidad en sí, pero sí influye de manera significativa en la percepción, dispersión y permanencia del olor en el ambiente. En condiciones de humedad moderada, algunas moléculas pueden mantenerse suspendidas durante más tiempo, favoreciendo su disponibilidad para el perro. Sin embargo, cuando la humedad es excesiva, el comportamiento del olor cambia considerablemente. Una elevada concentración de vapor de agua en el aire dificulta la difusión de los VOCs, favoreciendo además la condensación y deposición de estas moléculas sobre superficies, vegetación o el propio suelo. Como consecuencia, el olor puede quedar “retenido” en determinadas zonas y perder capacidad de dispersión.
Por otro lado, los ambientes muy secos generan un comportamiento diferente del olor. En estas situaciones, los conos de olor suelen dispersarse más rápidamente y de forma menos definida, dificultando la localización precisa de la fuente. Además, si las bajas condiciones de humedad van acompañadas de temperaturas reducidas, disminuye todavía más la volatilización de los compuestos, ya que se generan menos moléculas en fase gaseosa. En consecuencia, la cantidad de VOCs disponibles en el ambiente es menor y la señal olfativa resulta más débil para el perro detector.

Imagen 2. Influencia de la humedad sobre el comportamiento del olor. a) Humedad elevada, con mayor retención de los VOCs y b) Humedad baja, con una dispersión más rápida y una menor definición de la pluma de olor.
Por lo tanto, ni los ambientes muy secos ni los extremadamente húmedos son siempre favorables. Lo importante es entender que las condiciones ambientales cambian la forma en que el olor se libera, se transporta y llega al perro, por lo que el entrenamiento y la interpretación de las búsquedas deben adaptarse a esas condiciones.
- El perro también nota el calor
La temperatura y la humedad no solo afecta a cómo vamos a disponer del olor en el ambiente, sino también el estado fisiológico del propio perro. En condiciones de temperatura elevada, el rendimiento físico y cognitivo del animal puede verse comprometido. El estrés térmico afecta a la concentración, la capacidad de discriminación olfativa y la resistencia durante el trabajo, lo que puede traducirse en una disminución de la eficacia operativa y del rendimiento general del perro detector.
Los perros regulan su temperatura principalmente mediante el jadeo. Cuando aumenta el jadeo, disminuye el tiempo que dedican al olfateo continuo y cambia la dinámica de ventilación del aire a través de la nariz. A esto se suma el esfuerzo físico que supone trabajar con temperaturas elevadas. El resultado suele ser una disminución progresiva del rendimiento durante sesiones largas.
Por eso, en verano puede ser recomendable:
- Realizar entrenamientos más cortos
- Aumentar los periodos de descanso
- Evitar las horas centrales del día
- Garantizar una correcta hidratación
- Observar cualquier cambio en el patrón habitual de búsqueda
No todos los descensos de rendimiento indican un problema de entrenamiento.
En muchas ocasiones, simplemente reflejan que el perro está trabajando en condiciones mucho más exigentes.




