
EL ENTRENAMIENTO EN VERANO: LAS CONSECUENCIAS DEL CALOR EN EL ENTRENAMIENTO CANINO
29 de julio de 2026Cuando entrenamos a un perro detector, no basta con enseñarle a encontrar una sustancia concreta. Lo importante es que aprenda a reconocer el olor que buscamos y a diferenciarlo de otros olores que debe ignorar.
Por eso, durante el entrenamiento es fundamental trabajar correctamente con la sustancia objetivo, además de introducir blancos y discriminantes. Así conseguimos que el perro entienda qué olor debe buscar y cuáles debe pasar por alto.
Uno de los errores más habituales es entrenar siempre de la misma manera: utilizando el mismo recipiente, en el mismo escenario o colocando la muestra siempre en lugares similares. El perro puede acabar asociando todos esos olores y características con la sustancia que buscamos. Es decir, puede aprender que el olor objetivo es “la sustancia + el recipiente” o incluso “la sustancia + ese lugar concreto”.
Por eso es importante variar los envases, las ubicaciones y las formas de ocultación. Pero variar no es suficiente. También hay que presentar esos mismos materiales sin la sustancia objetivo. Ahí es donde entran los blancos.
Un blanco es, básicamente, el mismo soporte o material que utilizamos para colocar o esconder la muestra, pero sin la sustancia objetivo. Al presentar blancos junto a las muestras de entrenamiento podemos comprobar que el perro no está marcando porque reconoce el recipiente, el soporte o el material, sino porque realmente ha aprendido el olor que nos interesa.
Los blancos también pueden utilizarse como parte de los propios distractores. De esta manera, el perro aprende que un soporte que ha estado relacionado muchas veces con el olor objetivo no tiene ningún valor por sí mismo.
Algo parecido ocurre con los distractores. En una situación real, el perro nunca va a trabajar en un entorno en el que únicamente exista el olor que buscamos. Va a encontrarse con muchos otros olores y tendrá que ser capaz de ignorarlos para localizar el objetivo.
Por ejemplo, puede encontrarse con olores de personas, como sudor, cosméticos, medicamentos o simplemente el olor que dejamos al manipular un objeto. También con olores de animales, como pelo, orina o heces; con alimentos; o con olores ambientales como productos de limpieza, combustibles o la propia humedad del terreno. Algunos de estos olores pueden ser especialmente intensos y llegar incluso a dificultar la percepción del olor objetivo.

Ilustración 1: Diferentes olores de una situación real.
Por eso, poner al perro delante de otros es una parte fundamental del aprendizaje. Estamos enseñándole a discriminar: “esto huele, pero no es lo que estoy buscando”. Cuanto más se parezcan los ejercicios a las situaciones que encontrará en su trabajo, más preparado estará para resolverlas.
Los discriminantes, además, deben elegirse pensando en la especialidad del perro. No tendrá las mismas necesidades un perro detector de estupefacientes que uno detector de explosivos. Habrá olores comunes que puedan utilizarse en ambos casos, pero también será necesario introducir aquellos materiales, sustancias y situaciones que el perro pueda encontrar durante una intervención real. Por ejemplo, los discriminantes más concretos de un perro detector de estupefacientes pueden ser medicamentos o tabaco, mientras que en un perro detector de explosivos pueden utilizarse productos químicos o combustibles.
Todo esto tiene además una finalidad muy concreta: evitar falsas marcaciones y comprobar hasta qué punto el perro está discriminando correctamente. La especificidad es uno de los parámetros que nos permite valorar este aspecto y se obtiene aplicando la siguiente ecuación:
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Cuando un perro marca un blanco o un distractor estamos ante un falso positivo. Puede ocurrir porque el material esté contaminado y contenga parte del perfil olfativo de la sustancia objetivo, porque el perro haya aprendido una asociación equivocada durante el entrenamiento o, en determinadas ocasiones, por factores como el cansancio o una necesidad de marcar. El guía debe ser capaz de distinguir estas situaciones y analizar por qué se ha producido la respuesta.

Ilustración 2: Posibles causas de los falsos positivos.
Aquí también cobra mucha importancia algo que puede parecer secundario, pero que no lo es: el orden y la limpieza durante el entrenamiento. Utilizar guantes y pinzas ayuda a reducir la contaminación y evita que el perro pueda seguir nuestro propio rastro de olor. Del mismo modo, es recomendable cambiar la posición de las muestras entre ejercicios y entre perros. Un perro puede dejar saliva u otros restos de olor en el lugar donde ha trabajado y el siguiente podría utilizar esa información para localizar la muestra, aunque no sea realmente el olor objetivo que estamos intentando evaluar.
El objetivo final de entrenar con blancos y discriminantes no es que el perro encuentre una muestra porque reconoce un recipiente, una ubicación o un conjunto de olores asociados al entrenamiento. Queremos que sea capaz de reconocer el perfil olfativo de la sustancia objetivo y localizarlo incluso cuando aparece rodeado de otros olores, materiales y condiciones diferentes.
Cuando conseguimos esto, el entrenamiento deja de centrarse únicamente en que el perro marque y pasa a ser algo mucho más importante: que encuentre el olor objetivo discriminando de todos los olores de fondo. Y esa es, precisamente, la capacidad que hará que su trabajo sea fiable cuando tenga que enfrentarse a una situación real.




